jueves, 19 de noviembre de 2009

UTENSILIOS INSERVIBLES.

El destino yace roto a mis pies. Pongo las rodillas sobre el suelo frío y voy recogiendo con calma los trocitos esparcidos por toda la cocina. Miro arriba, los sueños se dejan ver, húmedos y blandos, tras un bote vacío de azucar; la ilusión, partida a la mitad, se sostiene a duras penas con algún pegamento barato; el futuro, junto al reloj, está viejo y sus capas oxidadas se desprenden como arena de desierto. Miro al frente, el cristal de la ventana está lleno de vaho, creo que ha anochedido. Entonces, dejo con cuidado caer los pedazos de mis manos. Me levanto y veo su sonrisa torcida mientras enciende un cigarrillo apoyado en la nevera. Ahora soy yo quien sonríe: "Tú no me jodes más"- digo. A mi espalda, un montón de tarros caen al suelo sin romperse. Yo, simplemente, abro la puerta.

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